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Desde que leí Sinopie (2001), de Marcelo Rizzi, quedé maravillado por su obra, casi como en un cuento de hadas. Supe que en cada uno de sus libros siguientes iba a encontrar poemas que funcionarían a modo de fórmulas mágicas, aunque la finalidad de cada uno de esos encantamientos pareciera difuso al principio. Rizzi vivió durante un tiempo en Inglaterra y admira la pintura renacentista italiana y flamenca. Encuentro algunas semejanzas entre sus poemas y los objetos y detalles de esas pinturas: un brillo y un color que se distribuyen en el diseño de cada poema, con un deleite por algunas palabras que relucen como gemas, o por su rareza intrínseca o por la combinación con otros vocablos. Los poemas de La constancia, apenas comienza su argumento (casi en el sentido de una lógica, como silogismos), ya terminan, dejando estelas visuales y ondas sonoras a su pasar: las “deidades venturosas de la lengua”. El resto del trabajo del lector y la lectora consisten en ajustar su pensamiento y su oído, en el eco que dejan.

LA CONSTANCIA - MARCELO RIZZI

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Desde que leí Sinopie (2001), de Marcelo Rizzi, quedé maravillado por su obra, casi como en un cuento de hadas. Supe que en cada uno de sus libros siguientes iba a encontrar poemas que funcionarían a modo de fórmulas mágicas, aunque la finalidad de cada uno de esos encantamientos pareciera difuso al principio. Rizzi vivió durante un tiempo en Inglaterra y admira la pintura renacentista italiana y flamenca. Encuentro algunas semejanzas entre sus poemas y los objetos y detalles de esas pinturas: un brillo y un color que se distribuyen en el diseño de cada poema, con un deleite por algunas palabras que relucen como gemas, o por su rareza intrínseca o por la combinación con otros vocablos. Los poemas de La constancia, apenas comienza su argumento (casi en el sentido de una lógica, como silogismos), ya terminan, dejando estelas visuales y ondas sonoras a su pasar: las “deidades venturosas de la lengua”. El resto del trabajo del lector y la lectora consisten en ajustar su pensamiento y su oído, en el eco que dejan.