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Prólogo de Miguel Benasayag El aumento de la velocidad y cantidad de información científica o pretendidamente científica, circulando sin límites por las redes, tiene un efecto paradojal: más puede terminar siendo menos. A su vez, la idea interesada y pregonada por algunos expertos junto a muchos divulgadores, acerca del conocimiento actual del cerebro y su funcionamiento, que permitiría explicar unívocamente todas nuestras conductas, interpretarlas, calificarlas, justificarlas y manipularlas usando las nuevas tecnologías, tienen como corolario a la moda de anteponer el término neuro a Todo. Esto constituye un reduccionismo injustificado, un falso certificado de certeza. No debe caerse tampoco en un monismo extremo de signo opuesto, como puede suceder con las deconstrucciones. Ubican en el centro a uno de los elementos de una díada constitutiva, y relegan el otro a la periferia, que en este caso serían las circunstancias, el medio. El ser humano alberga una dualidad al ser observado. No quedan dudas que es un animal, aunque muy especial. Aprende, configura, se auto-configura y entonces, plasticidad mediante, cambia, evoluciona. La génesis de algunos de esos cambios está más allá de la pura materialidad. Puede ser sujeto y objeto al mismo tiempo, incluso de sí mismo. Eso es lo difícil de explicar, se centra en una pregunta que dispara más hipótesis que respuestas contundentes: ¿cómo es que lo hace? Es complejo y por lo tanto metodológicamente requiere un reduccionismo que no pierda de vista las relaciones parte/todo como determinantes de su funcionar, que no es igual que su existir, y la necesidad de volver a juntar lo que metodológicamente es separado. Parsimonia es el término. Simplificar pero no más allá de lo necesario. Convergencia de la filosofía y las ciencias en general y las neurociencias en este caso particular. En un primer ensayo La era del neuroTodo, quedaron planteadas las generalidades y en esencia hasta dónde sabemos, y cuánto ignoramos. También los intereses en juego, que no casualmente involucran a los estados y el mercado. Este segundo intento está dedicado a ética y estética en tanto comparten la toma de decisiones, la ejecutividad y aquello que las determina. La moral, la ética o el sentido de lo bello. Lo bueno bello de ver era la frase griega que lo sintetizaba. Cual un dique que no puede contener la creciente y teme las consecuencias de un desborde previsible pero de consecuencias imprevisibles, surge este ensayo crítico de un reduccionismo, que parece una verdad de Perogrullo que no arroja luz sobre los grandes interrogantes. No es casual la convergencia de filósofos, epistemólogos, humanistas en general, con científicos albergados bajo el paraguas de las neurociencias, interdisciplinarias por excelencia. Los artistas siempre tienen algo que decir y más vale escucharlos.

LA ERA DEL NEUROTODO 2 - GUILLERMO J NOGUEIRA

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Prólogo de Miguel Benasayag El aumento de la velocidad y cantidad de información científica o pretendidamente científica, circulando sin límites por las redes, tiene un efecto paradojal: más puede terminar siendo menos. A su vez, la idea interesada y pregonada por algunos expertos junto a muchos divulgadores, acerca del conocimiento actual del cerebro y su funcionamiento, que permitiría explicar unívocamente todas nuestras conductas, interpretarlas, calificarlas, justificarlas y manipularlas usando las nuevas tecnologías, tienen como corolario a la moda de anteponer el término neuro a Todo. Esto constituye un reduccionismo injustificado, un falso certificado de certeza. No debe caerse tampoco en un monismo extremo de signo opuesto, como puede suceder con las deconstrucciones. Ubican en el centro a uno de los elementos de una díada constitutiva, y relegan el otro a la periferia, que en este caso serían las circunstancias, el medio. El ser humano alberga una dualidad al ser observado. No quedan dudas que es un animal, aunque muy especial. Aprende, configura, se auto-configura y entonces, plasticidad mediante, cambia, evoluciona. La génesis de algunos de esos cambios está más allá de la pura materialidad. Puede ser sujeto y objeto al mismo tiempo, incluso de sí mismo. Eso es lo difícil de explicar, se centra en una pregunta que dispara más hipótesis que respuestas contundentes: ¿cómo es que lo hace? Es complejo y por lo tanto metodológicamente requiere un reduccionismo que no pierda de vista las relaciones parte/todo como determinantes de su funcionar, que no es igual que su existir, y la necesidad de volver a juntar lo que metodológicamente es separado. Parsimonia es el término. Simplificar pero no más allá de lo necesario. Convergencia de la filosofía y las ciencias en general y las neurociencias en este caso particular. En un primer ensayo La era del neuroTodo, quedaron planteadas las generalidades y en esencia hasta dónde sabemos, y cuánto ignoramos. También los intereses en juego, que no casualmente involucran a los estados y el mercado. Este segundo intento está dedicado a ética y estética en tanto comparten la toma de decisiones, la ejecutividad y aquello que las determina. La moral, la ética o el sentido de lo bello. Lo bueno bello de ver era la frase griega que lo sintetizaba. Cual un dique que no puede contener la creciente y teme las consecuencias de un desborde previsible pero de consecuencias imprevisibles, surge este ensayo crítico de un reduccionismo, que parece una verdad de Perogrullo que no arroja luz sobre los grandes interrogantes. No es casual la convergencia de filósofos, epistemólogos, humanistas en general, con científicos albergados bajo el paraguas de las neurociencias, interdisciplinarias por excelencia. Los artistas siempre tienen algo que decir y más vale escucharlos.