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«Los Hombrecitos eran reales. Un haz oportuno de luz lunar o de los faroles de la calle mostraba que tenian volumen, no eran proyecciones, prestando atencion se oian sus pisadas, un tam-tam irregular, notorio sobre todo cuando sus bailoteos los llevaban a los techos de chapa o los sobretechos huecos de las viejas construcciones que se sucedian hacia la esquina de Bonorino (porque siempre iban en esa direccion, como programados). Median alrededor de un metro, como nios, pero los sobretodos anticuados delataban su paradojica condicion de viejos saltarines. Esa ambigedad debia de ser la que dio pie a la leyenda segun la cual eran las almas de los nios muertos en incendios, que habian envejecido sin crecer, y los sobretodos les eran necesarios porque al volver del fuego de sus historias a la noche de la realidad siempre tenian frio, hasta en verano. Dificil de creer, como todo cuento de ultratumba, pero tambien porque si fuera cierto algo asi de tragico y truculento como nios asados en incendios, no se prestarian a la diversion de un puado de vecinos insomnes y sus brincos y piruetas por terrazas y cornisas no tendrian esa vivacidad de saltimbanquis, de figuras animadas sobre un fondo de polvo de Luna, que ciertas noches hacia brillar como un diamante el negro del firmamento.»

LOS HOMBRECITOS CON SOBRETODO - CESAR AIRA

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«Los Hombrecitos eran reales. Un haz oportuno de luz lunar o de los faroles de la calle mostraba que tenian volumen, no eran proyecciones, prestando atencion se oian sus pisadas, un tam-tam irregular, notorio sobre todo cuando sus bailoteos los llevaban a los techos de chapa o los sobretechos huecos de las viejas construcciones que se sucedian hacia la esquina de Bonorino (porque siempre iban en esa direccion, como programados). Median alrededor de un metro, como nios, pero los sobretodos anticuados delataban su paradojica condicion de viejos saltarines. Esa ambigedad debia de ser la que dio pie a la leyenda segun la cual eran las almas de los nios muertos en incendios, que habian envejecido sin crecer, y los sobretodos les eran necesarios porque al volver del fuego de sus historias a la noche de la realidad siempre tenian frio, hasta en verano. Dificil de creer, como todo cuento de ultratumba, pero tambien porque si fuera cierto algo asi de tragico y truculento como nios asados en incendios, no se prestarian a la diversion de un puado de vecinos insomnes y sus brincos y piruetas por terrazas y cornisas no tendrian esa vivacidad de saltimbanquis, de figuras animadas sobre un fondo de polvo de Luna, que ciertas noches hacia brillar como un diamante el negro del firmamento.»