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Héctor Rodríguez lleva marcadas las huellas de la memoria en su cuerpo, en su mente y en su espíritu. En él funcionan como una Madre de Plaza de Mayo, una abuela que todavía busca y no encuentra a su nieto, una baldosa evocativa, un pedazo de vida que Héctor Rodríguez lleva marcadas las huellas de la memoria en su cuerpo, en su mente y en su espíritu. En él funcionan como una Madre de Plaza de Mayo, una abuela que todavía busca y no encuentra a su nieto, una baldosa evocativa, un pedazo de vida que todavía late en un recuerdo o un joven alumno que se hace preguntas sobre una época que no vivió, pero lo abruma. Sus crónicas son la bitácora de una generación diezmada por el Terrorismo de Estado y un mensaje de esperanza al mismo tiempo. Porque nos hablan del pasado que perdura en el presente para resignificarlo. Están llenas de cicatrices de los sobrevivientes que el autor recuenta con obstinación y pormenorizado detalle. Para escribirlas, primero fue testigo presencial, buscó a sus protagonistas y los entrevistó, se apoyó en los juicios de lesa humanidad, extrajo testimonios de expedientes, procesó todo lo que encontró a su paso y plasmó en este libro un tema que –como él mismo dice– “domina mi atención como ningún otro”. Gustavo Veiga. todavía late en un recuerdo o un joven alumno que se hace preguntas sobre una época que no vivió, pero lo abruma. Sus crónicas son la bitácora de una generación diezmada por el Terrorismo de Estado y un mensaje de esperanza al mismo tiempo. Porque nos hablan del pasado que perdura en el presente para resignificarlo. Están llenas de cicatrices de los sobrevivientes que el autor recuenta con obstinación y pormenorizado detalle. Para escribirlas, primero fue testigo presencial, buscó a sus protagonistas y los entrevistó, se apoyó en los juicios de lesa humanidad, extrajo testimonios de expedientes, procesó todo lo que encontró a su paso y plasmó en este libro un tema que –como él mismo dice– “domina mi atención como ningún otro”. Gustavo Veiga.

CRONICAS DE LA MEMORIA - RODRIGUEZ HECTOR

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Héctor Rodríguez lleva marcadas las huellas de la memoria en su cuerpo, en su mente y en su espíritu. En él funcionan como una Madre de Plaza de Mayo, una abuela que todavía busca y no encuentra a su nieto, una baldosa evocativa, un pedazo de vida que Héctor Rodríguez lleva marcadas las huellas de la memoria en su cuerpo, en su mente y en su espíritu. En él funcionan como una Madre de Plaza de Mayo, una abuela que todavía busca y no encuentra a su nieto, una baldosa evocativa, un pedazo de vida que todavía late en un recuerdo o un joven alumno que se hace preguntas sobre una época que no vivió, pero lo abruma. Sus crónicas son la bitácora de una generación diezmada por el Terrorismo de Estado y un mensaje de esperanza al mismo tiempo. Porque nos hablan del pasado que perdura en el presente para resignificarlo. Están llenas de cicatrices de los sobrevivientes que el autor recuenta con obstinación y pormenorizado detalle. Para escribirlas, primero fue testigo presencial, buscó a sus protagonistas y los entrevistó, se apoyó en los juicios de lesa humanidad, extrajo testimonios de expedientes, procesó todo lo que encontró a su paso y plasmó en este libro un tema que –como él mismo dice– “domina mi atención como ningún otro”. Gustavo Veiga. todavía late en un recuerdo o un joven alumno que se hace preguntas sobre una época que no vivió, pero lo abruma. Sus crónicas son la bitácora de una generación diezmada por el Terrorismo de Estado y un mensaje de esperanza al mismo tiempo. Porque nos hablan del pasado que perdura en el presente para resignificarlo. Están llenas de cicatrices de los sobrevivientes que el autor recuenta con obstinación y pormenorizado detalle. Para escribirlas, primero fue testigo presencial, buscó a sus protagonistas y los entrevistó, se apoyó en los juicios de lesa humanidad, extrajo testimonios de expedientes, procesó todo lo que encontró a su paso y plasmó en este libro un tema que –como él mismo dice– “domina mi atención como ningún otro”. Gustavo Veiga.